Un halago

Al finalizar el espectáculo todo el mundo se acercó a saludar y a felicitar a Michael, todo el mundo se acercaba a él con una gran sonrisa y dándole las gracias por el momento vivido. Sin embargo, él no se creía merecedor de tales elogios, así que muy sonrojado trataba de esconderse.

Qué cruel estaba siendo consigo mismo y con personas que valoraban su talento. Realmente había regalado un momento precioso y se mostraba en la sonrisa de los asistentes. Michael otorgaba el éxito al violinista, al pianista, a la organización,…

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Paró un segundo y reflexionó. No se había dado cuenta que de lo que había conseguido. De pronto, la confianza de aceptar su virtud en el canto le hizo recordar lo que su viejo amigo Joseph le decía siempre ¿Porqué siempre te enfocas en lo que te falta? Haces feliz a mucha gente, acéptalo.

Ahora Michael, después de esta reflexión se encontró con John:

-Te estaba buscando Michael. No quería marcharme sin darte las gracias.

Y Michael contestó:

-Gracias John, disfruto haciendo lo que hago y para mí ha sido un placer que os marchéis con esta sensación. Encantado de teneros hoy aquí en este momento tan especial.

 

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